Las mascarillas de Don Amancio

Las mascarillas de Don Amancio

Raúl Olivencia del Pino

Prólogo

El título del artículo bien podría ser el de una película de Berlanga o del neorrealismo italiano. El argumento sería una adaptación libre del Edipo Rey de Sófocles. En la primera escena están Edipo, rey de Tebas (que sería Don Amancio), y el Sacerdote postrado a sus pies (en esta ocasión, de Sacerdote hace un grupo de expertos epidemiólogos), que en tono pedigüeño habla en estos términos: «¡Odiosa epidemia, bajo cuyos efectos está despoblada la morada Cadmea, mientras el negro Hades se enriquece entre suspiros y lamentos! Ni yo ni estos jóvenes estamos sentados como suplicantes por considerarte igual a los dioses, pero sí el primero de los hombres en los sucesos de la vida y en las intervenciones de los dioses.»1 Y siguen con frases del estilo para obtener su favor: «¡Ea, oh el mejor de los mortales!, endereza la ciudad. […] Pues, si vas a gobernar esta tierra, como lo haces, es mejor reinar con hombres en ella que vacía, que nada es una fortaleza ni una nave privadas de hombres que las pueblen.»2 Después aparece Creonte, tío de Edipo y legítimo heredero al trono (interpretado por el presidente Pedro Sánchez), que acaba de llegar del oráculo de Delfos (léase Bruselas), y le dice a Don Amancio que nada, que no queda otra que arrimar todos el hombro y hacer cuantos más sacrificios mejor al dios del dinero. Don Amancio promete hacerlo.

Future is not dead

20 abril 2020

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