(Texto escrito en ocasión de la penúltima clase de Paolo Virno como profesor universitario. Traducción de Raúl Olivencia)

Existen los buscadores de oro, aquellos que adoran las cosas primeras. Son los que anhelan el origen y no ven el presente; los mismos que han perdido el sentido del origen, y que no encontrarán excavando bajo sus pies.

Existen los aduladores de las cosas últimas; los que esperan el Mesías sabiendo que, en el fondo, todos saben la verdad: el Mesías son ellos mismos. Solo es preciso que alguno se decida a anunciarlos:

«Excuse, milady, pero Dios está en la puerta».

Existen, por último, los amigos de las cosas penúltimas. Tienen simpatías esparcidas por los cuatro rincones de la Tierra y no dejan de poner a prueba sus ideas y las de otros; ante la esclavitud no bajan la mirada, rastreando alguna pepita de bronce, ni la alzan, vislumbrando los rayos del dios sol. En ocasión de tu penúltima lección, amigo Virno, estamos aquí por ti. Luego, por nosotros, penúltimos en ese juego, el de la vida, para entendernos, repleto de puñetazos en el estómago y afectuosas sorpresas.

Marco Mazzeo
Roma, 26 de mayo de 2022

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